miércoles, 15 de enero de 2020

Soledad

Nublado. El cielo estaba nublado al igual que su alma. Ana dejó de mirar por la ventaba para observar su cama.

Perfecta. Su cama estaba perfecta... ¿o simplemente eso era lo que parecía? Por dentro estaba deshecha, justo como ella.

Ana se sentó en la silla frente a su escritorio.

Y observó. Observó la foto sobre la mesa. Era ella con sus amigos.

Sonrió. Los quería muchísimo, pero aún así, no podía evitar sentir que se encontraba muy sola en un mundo en el que gracias a las redes sociales deberías sentirte acompañado en todo momento, o al menos eso en teoría.

Mentiras. En las redes sociales todo son mentiras. Mentiras perfectas que la gente se inventa para fingir que están bien, que nada les duele y que no se sienten solos...

"¡Qué hipócritas somos los humanos!" Pensó Ana mientras cogía su móvil y hacía una foto al cuadro de la mesa. Entró en Instagram y la subió:

"Los mejores amigos del mundo, gracias por estar siempre", escribió. Apagó el móvil y se tiró a la cama. Suspiró. Mentiras... Todos escribimos mentiras para no abrirnos a los demás, porque.... ¿si siempre estamos bien para qué confiar en alguien? No necesitas que nadie te apoye, por eso al final no te abres a nadie y, por tanto, siempre acabas solo, vacío, nublado...

Ana cerró los ojos y una lágrima se le escapó de ellos. Ojalá pudiera librarse de lo que se supone que debe ser la sociedad actual y así tal vez, solo tal vez, no estaría tan sola por una santa vez.

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